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“Subir cada día la persiana del Festival Cultura Inquieta cuesta 18.000 euros”

“Subir cada día la persiana del Festival Cultura Inquieta cuesta 18.000 euros”
Actualidad Sur

Se trata de esperar lo mejor preparándose para lo peor. Con esa máxima británica en mente Juan Yuste dirige el Festival Cultura Inquieta, un evento anual que ha ubicado a Getafe en el mapa cultural español.

Yuste es el padre de esta criatura que no deja de crecer. Edición tras edición, y ya van siete, el Festival ha logrado posicionar la ciudad como escaparate de la industria musical. Cultura Inquieta es un proyecto multidisciplinar, ambicioso, que aspira a democratizar la cultura, pero también es un negocio rentable en el que convive la apuesta por distintos géneros musicales, la creatividad y el arte con una visión empresarial cauta basada en aprender de los errores y planificar a largo plazo.

¿Cuántos visitantes esperan en esta séptima edición del Festival Cultura Inquieta?

Confiamos en alcanzar una cifra de unas 50.000 personas. El año pasado fueron en torno a 30.000. No sé si afortunadamente o desafortunadamente nuestro crecimiento no se debe a que venga un gran inversor y ponga sobre la mesa 300.000 euros. Obviamente contamos con patrocinadores que hacen posible que el Festival sea sostenible, pero nuestro crecimiento ha sido ordenado, orgánico.

Las tres primeras ediciones las desarrollamos en una corrala renacentista del siglo XV ubicada en el centro de Getafe, el Hospitalillo de San José, pero ahí el aforo era muy limitado. El tercer año, además, coincidió con la barbaridad del Madrid Arena y hubo una revisión totalmente necesaria en la Comunidad de Madrid respecto de los aforos de los espacios y el del Hospitalillo todavía se redujo más. Eso nos dio el empujón necesario para dar el salto y tirarnos a la piscina.

¿Fue difícil tomar la decisión de crecer y dar ese salto?

No fue un salto al vacío, pero te mueves sin red y hay que tener cautela. En todas las apuestas de este calibre, como en cualquier otro proyecto de emprendimiento empresarial, estás construyendo un castillo de naipes y tienes que tener mucho cuidado porque si pones una carta mal se te cae todo el castillo.

¿Cuánta inversión requiere un proyecto de esta envergadura?

En esta edición 2016 nos movemos en un presupuesto de 800.000 euros, unos 200.000 euros más que el año pasado. Desde hace cuatro años hemos venido incrementando anualmente la inversión en un 20-30%.

¿Cuánto cuesta abrir las puertas del Cultura Inquieta cada día y cuál es la clave para que el Festival sea sostenible económicamente?

Subir cada día la persiana del Festival Cultura Inquieta cuesta 18.000 euros. Y está claro que los festivales no se pueden sustentar con la venta de entradas, es necesario el patrocino privado.

Lo normal es que el caché artístico de las bandas suponga entre el 30 y el 40% del coste final. Si un artista te cuesta 35.000 euros, hacer la producción global de ese artista va a estar en torno a los 100.000 euros.

Y se hace sostenible cosiendo con mucho cuidado porque estamos todo el rato moviéndonos en la cuerda y los errores se pagan carísimos. También los imprevistos. Hay un refrán británico que lo explica muy bien: se trata de esperar lo mejor preparándose para lo peor, y así es como entiendo que tenemos que trabajar. Además, el Festival es es una pata importante, pero una pata más del modelo de negocio de Cultura Inquieta.

JUAN YUSTE CULTURA INQUIETA 1

¿Qué apoyo institucional tiene este Festival?

El Ayuntamiento de Getafe empuja con 100.000 euros, más la cesión del espacio, que es muy importante. Pero nosotros no estamos desligados del área de Cultura del Ayuntamiento. No se trata de que ellos ponen un dinero y listo, sino que existe un trabajo conjunto y una intención común que es posicionar a Getafe en el mapa cultural español.

¿El cambio de ubicación ha supuesto la apertura del Festival a un público más numeroso?

El cambio ha supuesto un desafío muy importante porque los gastos de producción se disparan. En la plaza de toros donde se celebraba en las últimas ediciones había mucha infraestructura ya montada y en este Polideportivo de San Isidro tenemos que contratar grupos eletrógenos, servicios, equipos de seguridad, etc. Pero sí facilita la relación que sostiene el Festival con la ciudad de Getafe y hace que los ciudadanos puedan ser más partícipes del Festival porque estamos en una zona céntrica y que, además, está muy bien conectada con el transporte público.

¿Qué impacto económico tiene el Festival en la ciudad?

No lo tenemos cuantificado, pero es cierto que especialmente los negocios de hostelería ubicados en las cercanías de los lugares donde hemos celebrado el Festival están realmente contentos con la iniciativa. En este nuevo emplazamiento el impacto es todavía mayor por la cercanía al centro de la ciudad. Se ve movimiento, los visitantes consumen en los comercios y bares. Pero lo que es también muy importante: sirve para que los visitantes conozcan la ciudad y descubran lo que les ofrece. Sin lugar a dudas, es un elemento dinamizador.

Pese a que ya han pasado varios años las críticas a la subida del denominado IVA cultural continúan siendo constantes. ¿Realmente ha tenido una incidencia tan negativa en la industria?

La subida ha sido un absoluto disparate y hay gobernantes que todavía no quieren admitir el error y reconocer que el 8% de 100 euros son 8 euros, pero que el 21% de cero es cero. Cero ingresos para la industria y cero ingresos para el Estado. Realmente es obsceno.

Además, el precio de los tickets en los últimos 5 años no se ha incrementado, la industria cultural en la inmensa mayoría de los casos ha soportado ese incremento del IVA y ese extra, en un sector que se mueve en unos márgenes muy ajustados e inciertos, es difícil de asumir. Por no hablar de la parte moral, porque evidentemente la cultura, el arte, la música, son herramientas cruciales para mejorar la sociedad. Poner palos en las ruedas a eso es maligno.

Pese a ello da la impresión de que actualmente estamos viviendo un boom de los festivales musicales.

Este año sí está habiendo un boom. Hay un montón de festivales y a nivel personal sólo puedo desearles lo mejor. Y pensando en clave empresarial es estupendo porque ocurre como con los faxes. Si sólo hay un fax no sirve para nada, cuantos más faxes haya más valor cobran. Esta oferta múltiple hace que incorporemos en nuestros hábitos y rutinas el hecho de asistir a festivales, eventos culturales, conciertos, etc.

Pero, ojalá me confunda, porque creo que muchos de esos festivales están abocados al fracaso ya que algunos están naciendo con la intención de aprovechar un contexto o una oportunidad económica y en los negocios es necesario pensar a medio-largo plazo. Cultura Inquieta no nació como idea de negocio sino de una necesidad vital. Se trata de construir algo de lo que estar orgulloso.

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