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¿Síndrome del smartphone?

¿Síndrome del smartphone?
Actualidad Sur

La tecnología ha evolucionado y crecido de una manera asombrosa en la última década. Ahora el acceso a internet desde cualquier punto y en cualquier entorno es habitual para muchos de nosotros, se cuela en nuestras reuniones de trabajo, en las cenas familiares, en las reuniones con amigos, mientras vamos en el coche y hasta cuando pasamos tiempo con los más pequeños de la casa o con nuestra pareja.

Cada año surgen largas listas de teléfonos, tablets y ordenadores, a cada cual más moderno, así como aplicaciones y programas que nos ofrecen innumerables ventajas. Todo esto tiene un impacto significativo en nuestras vidas, como no podía ser de otro modo, la tecnología diaria ha supuesto muchos avances y nos aporta un sinfín de utilidades.

Nos comunicamos a distancia y con un mayor número de personas, enviamos información de forma fácil y rápida, interaccionamos de forma sencilla con nuestros equipos de trabajo, almacenamos, difundimos y tenemos más fácil colaborar con otros, somos más eficientes y, por descontado, la democratización de la información hace que podamos tener acceso, en la palma de la mano, a una inmensidad de conocimientos antes inimaginable.

Las necesidades de las sociedades cambian a través de los años, también las de las personas y adelantos tecnológicos como el telégrafo (1844), el teléfono móvil (1973) o el microprocesador (1976) han facilitado el desarrollo y han cambiado también profundamente nuestra forma de vivir, de pensar y de actuar.

 

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Los niños pueden aprender jugando interactivamente, nosotros enviamos mensajes de voz, whatsappeamos, leemos las noticias en periódicos digitales y nos atrevemos a comprar online.

Lo que en un principio era novedad ha ido ganando espacio y convirtiéndose poco a poco en imprescindible, trayendo consigo también efectos no tan deseables y más controvertidos.
Se hacen interminables colas en establecimientos para comprar el último modelo de Smartphone; muchos adolescentes y adultos centran su vida en agradar a los demás en las redes sociales y se ha producido una significativa aparición de trastornos relacionados con el uso de la tecnología.
Más allá de la barrera tecnológica (todos los no nativos digitales han de pasar por un aprendizaje que acarrea un cambio de pensamiento).Entre las ‘enfermedades’ del siglo XXI están las adicciones a videojuegos, chats, páginas de entretenimiento, y otras de nombres importados como phubbing o nomophobia.

Sin importar si somos o no conscientes de ello la amenaza digital también está en la palma de nuestra mano, desde sentir ansiedad ante la idea de quedarnos sin batería o perder el teléfono, tener constantemente el teléfono en las manos, chequear las redes sociales repetitivamente aunque no tengamos notificaciones nuevas, deterioro de nuestras relaciones, e indeseables accidentes y atropellos por falta de atención.
Donde la tecnología ha facilitado las comunicaciones también ha hecho que dejemos de mirarnos los unos a los otros, para estar siempre frente a la pantalla.

Ningufonear a nuestra familia, amigos, o compañeros de trabajo para leer un mensaje instantáneo, mirar nuestras redes sociales o consultar algo, forma ya parte de nuestra cotideaneidad.
La tecnología móvil, se ha convertido en una tecnología básica y una herramienta realmente útil en nuestras vidas, pero como cualquier herramienta, está al servicio de nuestro criterio, nuestros valores y nuestra educación.

La clave se encuentra en el autocontrol: podemos evitar usarlo mientras ingerimos alimentos, no tenerlo siempre en la mano cuando estemos en casa, cuando realicemos actividades sociales o caminemos por la calle.

Ni síndrome de abstinencia ni conformismo, pero ¿cómo no desatender nuestras actividades diarias cuando estamos permanentemente conectados?. Encontrar el equilibrio que nos permita aunar una vida que tiende a lo digital, en la que podamos servirnos de todas estas nuevas ventajas pero también respetar nuestros tiempos de aprendizaje, comunicación y desconexión.

Educar en el pensamiento crítico, enseñando a los niños y jóvenes herramientas psicológicas que les permitan establecer filtros ante la avalancha de información que reciben y también interactuar de forma sana con un entorno que ejerce una presión social desmedida. Poner de relieve valores personales como la bondad, la empatía, y ayudarles a tener una autoestima fuerte, será sin duda significativo a la hora de poder desenvolverse en un mundo de perfiles en redes sociales que se nutren de incontables selfies.

Nosotros decidimos que es lo verdaderamente importante. Por supuesto, mirar a las personas de nuestro alrededor, practicar la escucha activa y ser educado nunca está de más.

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